Psicosocial

Estrategias para disminuir el estrés

Estrategias para disminuir el estrés
Reducir el estrés

Programa fortalecimiento de la resiliencia

Programa fortalecimiento de la resiliencia
¿Qué es resiliencia?

Identifica tus estresores

Identifica tus estresores
¿Qué te causa estrés?

Cómo reducir los niveles de estrés

Cómo reducir los niveles de estrés
Plan personal para la reducción del estrés

Red de apoyo social y emocional

Red de apoyo social y emocional
Aprende a fortalecer tu red de apoyo

Primeros auxilios psicológicos

Atención en crísis y primeros auxilios psicológicos

                                                                Patricia Silvestre

psicóloga, consultora

coach, terapeuta

 

Una crisis:  es un estado transitorio de desorganización emocional, resultado del fracaso de las estrategias que normalmente utiliza la persona para hacer frente a situaciones problemáticas. Una crísis esta relacionada con un evento precipitante que una vez resuelto, la persona vuelve al estado de funcionamiento previo a la crisis.

 

Se pueden presentar dos clases de crisis:

Aguda o de choque: cuando se presenta un cambio repentino en las circustancias de la persona, este cambio impacta los mecanismos de afrontamiento y genera un choque emocional que dificulta a la persona asimilar la situación.

 

Crónica o de agotamiento: cuando la persona ha estado expuesta durante un tiempo a una situación que genera altos niveles de estrés y preocupación, pero llega el punto en el cual se produce un agotamiento y la persona entra en una crísis emocional, comportamental y física.  

 

Las reacciones ante una crísis pueden ser diversas:

 

A nivel cognitivo: se puede presentar confusión y desorientación, dificultad para tomar decisiones, cuestionamientos recurrentes, exceso de preocupación, pesamientos confusos y desordenados, dificultad para concentrase, preocupación excesiva por detalles insignificantes.

 A nivel físico: cansancio o fatiga excesiva, ritmo cardiaco acelerado, hiperventilación, cambios de apetito, hipersensibilidad a estimulos como ruido, luz, temperatura, etc, hipervigilancia, sensación de encogimiento del estomago o de garganta, agravamiento de  condiciones médicas como hipertensión, diabetes etc.

A nivel emocional: tristeza, desesperanza, irritabilidad, agresividad, cambios de humor repentinos, ansiedad, miedo, desesperación, sensibilidad emocional, distanciamiento social.

A nivel comportamental: reacciones agresivas, pasividad, aislamiento, evitación,  comportamiento impulsivos, reacciones de dependencia.


Los primeros auxilios psicológicos hacen referencia a la intervención psicológica en el momento de crísis, se trata de una ayuda breve e inmediata de apoyo a la persona para restablecer su estabilidad a nivel emocional, físico, cognitivo y comportamental.

 El objetivo de la intervención psicológica en crísis es mitigar el impacto emocional, ayudar a la persona a afrontar la situación de crisis; apoyándole en el manejo de los sentimientos y las reacciones para que pueda comenzar el proceso de búsqueda de soluciones.

 

Los primeros auxilios psicológicos no son una intervención terapéutica, son acciones rápidas y específicas para ayudar a la persona a estabilizarse en una situación crítica.

 Los primeros auxilios psicológicos los puede prestar cualquier persona que tenga un conocmiento y entrenamiento en el tema. En esta primera intervención no se requiere estrictamente la presencia de un especialista o profesional, aunque si se cuenta con su apoyo es recomendable.

 

La persona que preste los primeros auxilios psicológicos debe mantener tener las siguientes características:

  1. Ante todo tener una actitud respetuosa y de aceptación por la persona en crisis. Ser cortés, empático y honesto. Reconocer el derecho de la persona de sentirse y reaccionar como lo hace.
  2. Asumir una actitud de escucha con empatía. Favorecer la confianza y la seguridad de la persona.        
  3. Saber que su intervención es muy importante para la persona.
  4. Tener la capacidad para hacer una evaluación rápida de las circunstancias en las cuales esta la persona y de la situación inmediata.
  5. Tener presente que la intervención  y el tiempo de contacto es limitado y que los esfuerzos deben orientarse a estabilizar a la persona.
  6. Mantener una actitud tranquila, ser una figura estable y predecible para quien está en crísis; no prometer lo que no es posible cumplir.
  7. Garantizar que la información que va a proporcionar a la persona esta confirmada, es confiable.
  8. Idenficar otros riesgos que pueda tener la persona, por ejemplo, si puede hacerse daño a sí misma o a otros y establecer las estrategias para su control
  9. Identificar otras personas que puedan prestar ayuda y asignarles roles o tareas específicas.

 La meta de los primeros auxilios psicológicos es que la persona pueda restablecer y tomar el control de sus recursos internos y externos para hacer frente a la situación.

 Se trata en este sentido de aliviar los síntomas físicos, emocionales y comportamentales  restaurando su funcionamiento, identificar los eventos o circunstancias precipitantes que condujeron al desequilibrio e iniciar nuevas formas  de percibir, pensar y sentir las situaciones.

 A continuación se presentan las acciones que se pueden emprender para prestar primeros auxilios psicológicos.


 Establecer contacto con la persona afectada: establezca contacto inicial con la persona, solicitandole permiso para hablar con ella, explicandole que está allí para brindarle apoyo, invite a la persona a sentarse y garantice un ambiente tranquilo y seguro.

 Invite a la persona afectada a hablar y escuche su versión de los hechos y facilitando la expresión de sus sentimientos; ayude a la persona a  enfocarse en sus sentimientos, pensamientos y metas manejables.

 

Garantizar la seguridad física inmediata: asegurese que la persona afectada y quienes estén involucrados o cercanos a la situación estén seguros físicamente, estableciendo controles a riesgos como elementos cortopunzantes, armas, objetos o circunstancias ambientales que puedan poner en riesgo la seguridad física de la persona o de quienes estén presentes.

 

Atienda las necesidades básicas de la persona: brinde alivio y busque un ambiente físico lo más cómodo posible: temperatura,  iluminación, calidad del aire, acceso a un lugar donde la persona se pueda acomodar de forma tranquila, facilidad de acceso a servicio de baño o consumo de alimentos o alguna bebida si es posible. Procure y respete la privacidad de la persona estando atento; sin dejarla sola, especialmente si existe algún riesgo de autolesión.

 

Analizar las dimensiones de la situación: indague acerca del pasado, presente y futuro inmediato. Explore la presencia de recursos personales, familiares y sociales. Pregunte sobre aquellos temas que ameritan solución urgente.

Es posible plantear preguntas como: ¿Qué sucedió? ¿Cómo se siente? ¿Qué puede hacer? ¿Quíen, cómo, cuando, donde?

Es importante indagar sobre eventuales riesgos para la persona y buscar alternativas para soluciones inmediatas.

 

Identificar posibles soluciones: explore los intentos previos de solución, examine las soluciones actuales posibles, proponga nuevas alternativas de solución y explore sobre posibles obstáculos en la implementación de las soluciones.

 

Acompañar en la ejecución de acciones concretas: apoye en dar el mejor paso próximo dada la situación, y a ejecutar lo más conveniente según las alternativas evaluadas anteriormente. Ayude a la persona a tomar una acción concreta, tomando una actitud facilitadora o si es el caso directiva.

 Identificar la red de apoyo familiar y social:

identifique y establecezca contacto con la (s) persona (s) de la red familiar o social primaria de la persona. Presenteles un parte de tranquilidad e invitelas a tomar acciones concretas para el apoyo a la persona que está en crísis. Pregunte si hay algún miembro de la familia o un allegado o amigo con quien pueda establecer contacto y le pueda proporcionar ayuda.

 

 

 

 Remitir a urgencias:  algunas personas pueden requerir apoyo especializado y por tanto deben ser remitidas a servicios de urgencias.

  1. Cuando la situación representa un riesgo inminente para la vida propia y de otros. ­
  2. La persona presenta ideación o intento suicida. ­
  1. La persona ha ingerido sustancias tóxicas que pongan en riesgo la vida. ­
  2. La persona se está autolesionando: cortes y golpes, entre otros. ­
  3. La persona tiene riesgo de caída al vacío. ­
  4. La persona tiene comportamientos agresivos y puede llegar a afectar a otros. ­
  5. La persona presenta signos de extrañamiento del cuerpo o pérdida del sentido de realidad, que la pueden llevar a actos que representen peligro para sí mismo o para los demás. ­
  6. La persona tiene un ataque de pánico.

 

Realizar seguimiento:, asegurar posibilidades y datos de contacto y establecer un contacto posterior.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Trabajo en casa

La clave del equilibrio emocional y la reducción del estrés a través de la práctica de Mindfulness